domingo, 26 de octubre de 2014

El crac de 1929.


Además de la caída del valor de los títulos y la constanteliquidación de los avales, el volumen de préstamos bursátiles descendió de manera drástica -se estima que su descenso cifrarse en casi un millón-. Wall Street, Chicago y Buffalo habían echado el cierre: la situación se tornaba cada vez más ingobernable.
"El jueves 24 de octubre, según los historiadores, fue el primer día de pánico. Ese día se transfirieron 12 894 650 participaciones, muchas de ellas a precios que destrozaron los sueños y esperanzas de quienes las habían poseído", afirmó John Kenneth Galbraith en su célebre El Crac del 29, uno de los libros paradigmáticos para el estudio de este período.
Pánico que no terminó tras aquellas veinticuatro horas de angustia, incredulidad y miedo profundos. La imparable fiebre especulativa y la ilusión del dinero rápido y fácil habían tocado a su fin. Pero una etapa de pobreza, carestía y recesión se encontraba a las puertas de esta nueva América. La América que recogía los despojos de la euforia.
Las luces de alarma se habían encendido y la orgía especulativa que describe Galbraith había dejado un rastro de decadencia y descontrol fácilmente distinguible. Sus consecuencias no sólo afectaron al terreno económico sino que dejaron también su impronta en las formas de vida de aquella sociedad moderna que había conocido una etapa de desarrollo y pronto conocería otra de enorme precariedad.

El martes 29 de octubre, el llamado martes negro, confirmaría estas sospechas cada vez menos infundadas. El derrumbe total era una realidad inminente. Millones de inversores se vieron de un día para otro en la ruina económica: la Bolsa de Nueva York, el mercado de valores más importante del mundo, había caído.



Fuente: www.elmundo.es